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Las aventuras de jovenes mutantes
 
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El secreto del Stradivarius

 
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Manticore
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MensajePublicado: Sab Ene 19, 2008 8:00 pm    Asunto: El secreto del Stradivarius Responder citando

Todo estaba preparado se dirigió al lugar acordado, su puntualidad era impecable al igual que la del hombre que la esperaba, las miradas no se podían evitar era lo más normal llamar la atención, un completo enigma era lo que pensaba el resto al tratar a esta chica, no solo miraban a una chica de buena familia, era excelente estudiante, deportista e incluso sus habilidades artísticas eran grandiosas, cualquiera diría una chica que obtuvo lo que muchos desean, prácticamente la perfección, la gente solía amarla al instante, solo necesitaba expresar su sonrisa que se mezclaba con su porte, sociable pero al vez callada sin menospreciar a otros , todos tratados por igual.


Que cosa podría perturbar su mente, k le podría hacerla salir de control aparentemente nada. Claro esto solo evidencia lo más común de la humanidad, solo observar lo que quieren negándose a la realidad. La rutina de la última semana 15 Km diarios eso le calmaba un poco, se sentía sumamente alegre como un niño que recibe un juguete nuevo. Esperando ansiosa lo que estaba por suceder.

- Hola
- Hola, buen dia
- Buen dia, te vez genial
- Gracias
- Vamos

El sujeto de joven de unos 25 años, trigueño con un claro acento escocés portando un atuendo simple, pero que lo hacía lucir genial, Hich la descubrió ha unos meses su interés en ella fue inmediato, a pesar de lo que se supone debía hacerle, ahora solo se ha dedicado a entrenarle y aconsejarla todo lo que le es posible, al parecer el proceso ha sido fácil ella aprende rápidamente. Muy sorprendente para una adolescente, claro que también otro hecho le llamo la atención no era una chica normal, era una mutante que aprovechaba cada fragmento de sus habilidades, siempre deseosa de más conocimiento, de expandir sus límites.

Un pequeño café es su punto final de reunión, mientras el bebe un café ella revisa los papeles que le entrego, dando pequeños sorbos a su té.

-Todo lo que necesitas esta en el maletín, ya sabes como manejarla y bueno no creo que necesites más.
-por supuesto
-el tipo es algo impredecible pero el día de hoy esta confirmado para asistir al Royal Opera House y después posiblemente tenga uno de sus actos con alguna chica.
- asi que lo encuentro, lo sigo y adios
-le gustan las chicas jóvenes
-ese no es mi tipo de acción, pero ya descubriré quien es su cita, en cuanto tenga la oportunidad.
-podrias hacerlo en el lugar
- je no lo creo, eso sería blasfemia no profanaría un lugar así, además habrá un buen concierto
-eso sera una distracción
-lo dudo puedo controlarme, pero como ya lo he dicho lo haré a mi modo
-como tu digas, tu entrada esta con el resto ah y claro tengo un regalo para ti, espero te guste y por supuesto me gustaría verlo. la hora se acerca, miremos tu regalo
-k pasa
- esta chica es genial, toca como un angel
-tu eres un angel Angy

ambos se dirigieron al hotel acordado, con su típicas platicas por fin llegaron, sobre la cama de la habitación estaba un vestido negro y unas zapatillas, la elegancia era importante para la misión era un concierto privado, solo personalidades importantes. A pesar de la insistencia Hich no pudo observar hasta finalizado el arreglo, Angela lucia genial a sus 16 años era una mujer, con su esbelto cuerpo y su rostro iluminado por su mirada en verdad parecía lo que su nombre indica. Por su mente solo pasaba el lugar, cada centímetro del opera house, tal como lo recordaba hacia unos meses había asistido para esa genial opera, pero ahora no importaba solo quería terminar con el trabajo, después de la típica mirada escrupulosa de Hich ambos salieron del hotel solo un par de horas más.

El traslado fue “normal” fue llevada en una limusina, al llegar el lugar estaba abarrotado importantes figuras se encontraban en el lugar, inmediatamente fue reconocida varios de los presentes ya se habían topado con ella o visto en alguna revista o periódico. Recién Oxford conseguía su tercer titulo consecutivo en tiro con arco con diana y modalidad de bosque con esto el nombre de angela asomaba por el lugar. A pesar de lo que podría significar una desventaja ella lo tomaba como un punto a favor, a pesar de que en sus pensamientos desearía borrarlos de la existencia los trataba de la forma más formal.

Su rostro se ilumino aun más al ver a su objetivo un tipo de unos 40 años en plena cumbre de su carrera, si las leyes eran los suyo, sabía cada truco de ellas y no dejaba pasar una oportunidad. Las personas como siempre idolatrándolo joven, rico, exitoso y apuesto, un tipo george clooney que hacia que las mujeres a su alrededor se rindieran fácilmente, si ese era Arthur Kremer.

Ya solo quedaban unos minutos por lo que la muchedumbre comenzó a tomar su lugar, el en primera fila rodeado de un par de mujeres, que lo que menos harían es poner atención ante lo que presenciarían. Angela estaba en primera fila pero un poco más cerca de donde se colocaba la orquesta, era un buen lugar todo se escuchaba perfectamente, y por la forma en la que se desempeñaba en el escenario tendría perfecta visión de la artista.
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Valkiria
Muti


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MensajePublicado: Sab Ene 19, 2008 11:22 pm    Asunto: Responder citando

Cerró los ojos y respiró profundamente. No es que fuera la primera vez que se pusiera delante de un público tan amplio pero siempre interpretando un papel secundario. Ésta era su gran oportunidad.

Un par de golpes secos en la puerta la sacaron de su trance. Abrió los ojos, pero la visión seguía siendo la misma oscuridad.

-Adelante.

Roberto Mendoza, el chófer que llevaba en su familia más tiempo del que ella podía recordar apareció con un enorme ramo de rosas blancas entre las manos. A Daniela ya no le hacía falta urgar en los recuerdos del anciano, desde su primera actuación (aunque minúscula y de muy muy secundaria), su hermano le había enviado un ramo con 24 rosas blancas, sus favoritas. Lo raro es que normalmente él solía traerlas.

-¿Dónde está Aeros? -preguntó con incredulidad.
-Lo siento señorita, pero el joven Anemoi me dijo que le transmitiera sus disculpas pero no va a poder venir.
-¿Qué ha ocurrido? -no se lo podía creer. Esa noche era demasiado importante.
-Oh, nada grave... simplemente no se encontraba demasiado bien.

Harta de las divagaciones de Roberto, Daniela optó por buscar las respuestas directamente en su mente.

-¡Dios! ¿Otro de sus ataques? Ese estúpido no podía haber elegido otro día no... ¡Quería que me viera!
-Pero señorita...
-Gracias Roberto. ¿Tú te quedarás?
-¿Yo?
-Llevas cuidando de mí más de 10 años, ¿acaso creías que iba a dejarte en el coche? Lo siento por el partido de fútbol que querías ver, pero tienes un asiento reservado en uno de los palcos frente al escenario -el hombre no contestó, demasiado impresionado por el gesto y adelantándose a su comentario, la joven añadió: -Sí lo sé, solo es una fachada, pero no se lo digas a nadie.

Un hombre armado con un pinganillo junto a su oreja y una libreta entre sus manos entró apresurado al camerino.

-Estamos a punto de empezar, ¿estás lista? -cuando aquel ser bajito y de voz chillona reparó en Daniela solo pudo dejar escapar un... -¡Wow!
-Yo... yo... -un pequeño ataque de pánico la inundó. -No sé si...
-¡Guay! Nos vemos en dos minutos entre bambalinas -y se marchó.
-Señorita Daniela, ¿está bien?

Daniela se apoyó en la mesa del tocador. Algunas pinturas rodaron y cayeron al suelo, pero no le importó. Un sudor frío recorrió su espalda mientras intentaba acallar las voces de su cabeza.

-Sí, claro que lo estoy -respiró hondó y se irguió en toda su estatura -Y ahora Roberto, yo de ti me iría al palco. El espectáculo está a punto de comenzar.
-Sí claro -cuando el chófer estaba ya fuera se giró repentinamente de nuevo hacia la niña. -Por cierto,se me olvidaba. Su hermano me dijo que le diera esto.

Daniela tomó el sobre y lo leyó a solas. A cada palabra que su mente procesaba más se disgustaba.

-Será imbécil -masculló. -Ojalá se muerda y se envenene, esa víbora im...
-¡Vamos Daniela! -su agente entró en el camerino y antes de que puediera darse cuenta caminaba de su brazo hasta el escenario.

El tenor estaba terminando el Aria y estaba a punto de darle paso a la joven. Daniela se concentró, se alisó el fino vestido de princesa egipcia y salió a escena. Lo inundó todo a su paso, eclipsando cualquier sonido, luz o vida que no fuera la que ella proyectaba. Sus labios se movieron y de su garganta comenzó a surgir la música que tanto amaba. Notaba el público frente a sí, a sus pies, al igual que notaba la transformación que se estaba produciendo en ella. Dejó de ser Daniela Anemoi para convertirse en Aida.

La ópera continúo, estaba a punto de terminar el último acto y fue entonces cuando se permitió volver a sí misma para buscar al hombre que necesitaba en la sala. No tardó demasiado, sus pensamientos le llegaban alto y claro. Tan pasionales, tan abrumados y tan lascivos referidos a ella que Daniela se asustó. A través de sus ojos, solo se veía a ella misma, ya no existía nada más.

Volvió a separar los labios y a cantar, satisfecha de que la mitad del trabajo estaba ya hecho.

El éxtasis del final la envolvió y una lágrima su mejilla, y no solo porque lo exigiera el guion sino porque toda su alma lloraba de felicidad por el trabajo que acababa de realizar.

El telón cayó y tras varios segundos de silencio el publicó estalló. Había tenido miedo. Miedo de que no hubiese sido tan buena como ella había creído, pero ese miedo se disipó con los vítores y aplausos del público.



Más tarde, en la fiesta VIP que dio la compañía todos querían alabar el trabajo de la protagonista. Daniela estaba exultante con todos los cumplidos y alabanzas que recibía pero su mente no podía dejar de pensar en el objetivo que tenía. Una voz a su espalda le arrancó una pequeña sonrisa.

-¿Señorita Anemoi? Déjeme decirle que ha estado usted sublime -Dani se volvió.
-Es usted muy amable, señor...
-Kramer, Arthur Kramer. -la joven utilizó su mejor sonrisa para desarmarlo. Y lo consiguió.
-Si no le importa, me gustaría raptarla de todos estos ricachones sin idea de música.
-Me debo a mi público Señor Kramer -dijo ella con falsa inocencia.
-Yo soy parte de su público, por lo que débase a mí. -ella no contestó, solo sonrió. -Porque no...
-Porque su fama le precede.
-¿No tendrá miedo?
-¿Debería?
-Depende.

Sin poder evitarlo, Daniela se rió y esta vez de verdad. Aquel era un tipo verdaderamente interesante, pocos la habían fascinado tanto con solo unos segundos de charla.

-¿Qué tal si le traigo una copa de champán para amenizar nuestra futura velada?
-Que sea zumo de arándanos. Nada de alcohol.
-¿Está usted decidida a ponermelo dificil, verdad?
-Señor Kramer, si sigue usted como hasta ahora no necesitará alcohol para conseguir lo que quiere...

Y dejandole sorprendido a la vez que complacido, Daniela dejó que se fuera hasta la mesa de las bebidas para traerle su copa.
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MensajePublicado: Dom Ene 20, 2008 12:53 am    Asunto: Responder citando

Todo había resultado excelente hasta el momento, Angela se olvido de todo mientras duro la opera no se sentía capaz de desperdiciar tal acontesimiento, una vez más los protagonistas conquistaron al publico en especial esa chica con extraordinarias virtudes.

Angela se cuestionaba a si misma el no recordar el nombre de los actores, no puso atención en lo más minimo de quien interpretaría solo recordaba los rostros. Claro no paso demasiado tiempo sin saber de quienes se trataba.

Lo siguiente era la estas clasicas fiestas privadas VIP las llamaban, basicamente solo los ricos entraban, claro no es que estubiera en el lugar por gusto solo seguía con su trabajo. Allí estaba todo un caballero en apariencia tratando de conquistar a su posible premio de la noche Arthur Kremer no se daba por vencido.

Entre platicas con otros invitados que no dejaban pasar la oportunidad de coquetear con la oji-azul, ella solo les sonreía y contestaba una que otra pregunta, se escapaba de ellos en cuanto podía. Una pequeña opotunidad se presento para que arthur la notara, el tampoco pudo evitar mirarla cuando se acerco por un trago, otro rostro angel penso el, pero nojaría ir la oportunidad que ya había conseguido con su nueva acompñante.

-señorita buenas noches
-buenas noches
-es bueno saber que la belleza nos acompaña esta noche, y mucho más que tenga tanto apresio al arte como yo.
-gracias, diria que es bueno saber que alguien de su posición siquiera sabe lo que es el arte
-ja o claro disculpe mmm Arthur Kremer.
-Angela Thompson mucho gusto

Kremer tomo la mano de angela besandola delicadamente, mostrando su galanura.

-igualmente, la conozco podria asegurar que la he visto antes.
-probablemente
-mmm que mala memoria la mia, y es peor saber que olvide al alguien como tu
- ya lo creo, bueno no quiero ser grosera pero creo que su amiga lo espera.

Angela señalo con la mirada a la chica con la que el habia estado conversando, la protagonista de la noche. Este en seguida se despidio no sin antes darle una tarjeta de presentación, que terminaria en la basura. A pesar de que su rostro simepre era de serenidad acompañado de una gelida sonrisa, no pudo evitar sonreir aun más el momento se acercaba.
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MensajePublicado: Mar Ene 22, 2008 11:02 pm    Asunto: Responder citando

Daniela no podía ver, pero lo observaba todo a través de sus otros sentidos. A su alrededor, la envolvían los sonidos de risas banales, conversaciones insustanciales y mucha hipocresía enmascarada tras fachadas de colegas y parejas. La joven sonrió para sí, conocedora de todos aquellos secretos. Una gota de blancura entre todas aquellas mentiras aunque lo único de lo que verdad estuviera ella rodeada es de la más profunda oscuridad.

Escuchó pasos acercarse y suspuso que se trataría de Kremer. Volvió a adoptar su actitud de trabajo y ni corta ni perezosa salió a su encuentro y como una exalación le susurró unas pocas palabras sin detenerse ni un momento.

-Ritz, habitación 563 en una hora.

Tres horas y media más tarde, Arthur Kremer salía de la habitación del lujoso hotel abrochándose los últimos botones de su camisa y cuadrándose la corbata. Una sonrisa estúpida se dibujaba en sus labios y no pudo evitar girarse para echar un último vistazo a la belleza que acababa de dejar desnuda envuelta entre las sábanas.

Daniela tenía la mirada fija en el techo. También tenía una sonrisa en sus labios aunque por razones muy distintas a las de su compañero. Sí, el sexo había sido bastante bueno. Un 7 sobre 10, quizás un 8. Pero la sonrisa era una sonrisa de triunfo. Un triunfo para su ego. El ego de una mente capaz de oírlo todo y que era capaz de verse a sí misma como verdaderamente lo hacían los demás y aquel hombre… ¡Oh Dios! No había palabras para describir cómo la vio aquel hombre.

-Volveré a llamarte. –dijo sin control. Aún en éxtasis por lo que acababa de suceder. Sí, el sexo había sido bueno… pero no fue solo eso. Algo más, algo en su cuerpo, en su cerebro…
-¿Hmmm? –la joven era incapaz de recionalizar. Arthur sonrió. –Ah, sí, claro. Esto hay que repetirlo.

La puerta se cerró y Daniela se obligó a volver en sí, a concentrarse en la misión. No sin antes dejarse otro par de minutos para recrearse en aquellas nuevas memorias perennes en aquella mente que todo lo veía. Maldito Aeros, por su culpa iba a convertirse en Narciso. Y ya sabemos todos como acabó.

Distraída, Daniela cogió el auricular del teléfono.
-¿Servicio de habitaciones? Sí. Me gustaría que me subieran la ensalada de cangrejo y un zumo de arándanos –estaba a punto de colgar cuando añadió. –¿Y podría decirle a la niña que espera en el bar que suba también? Sí, esa.

Cuando llamaron, Daniela ya tenía puesto el albornoz blanco del hotel y la esperaba sentada a los pies de la cama de frente a la puerta.

-Pasa. ¿Traes la ensalada?

La niña se la dejó bruscamente entre las manos.

-Mira niña, no soy el asqueroso servicio de habitaciones.
-Eso queda más que comprobado –respondió la soprano tras saborear la ensalada. Tras el primer bocado la apartó a un lado. –Estabas en la fiesta y llevas estas 3 horas abajo en el bar. Te lo diré una sola vez: si ese cabrón se aprovechó de ti o cualquier chorrada de esas, llama a la televisión sacarás más dinero que si intentas enfrentarte a él directamente.
-Creo que no sabes con quien hablas.
-¡Dios! ¿Qué clase de zumo es este? ¿De qué color es?
-Naranja.
-¡Pedí arándanos! –alzó el brazo y lanzó el vaso hasta estrellarlo contra la pared manchándola por completo. –Y tú deja de decir sandeces. Eres una niña y si juegas con el diablo te acabarás quemando.

La niña sonrió.

-¿Pero no te das cuenta que YO soy el diablo?
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MensajePublicado: Mie Ene 23, 2008 12:23 am    Asunto: Responder citando

Angela se encontraba esperando en el bar del hotel, Kremer había salido del la fiesta hace unas horas, posiblemente para su encuentro con alguna de sus conquistas, si algo le caracterizaba a angela era su paciencia no le importo tener que esperar tres horas en ese hotel para ver a su objetivo, después de un rapido cambio de ropa lo siguió, acaso no podría haber terminado antes, quizás pero no le gustaba que el juego terminara tan pronto. Con otra ropa la chica simplemente se coloco en la barra tomando un jugo y mirando la pecera que había enseguida.

Al hombre detrás de la barra le pareció algo extraño que una chica no quisiera aprovechar la oportunidad y pedir algo de alcohol, claro que se lo negaría pero que alguien lo dejara de lado. Aun así no apartaba su mirada de ella, en verdad era linda y su rostro lo tranquilizaba. Su serenidad se vio interrumpida cuando uno de los camareros se acerco a ella, informándole de que le habían pedido que subiera a uno de los cuartos.

Ella se sorprendió un poco por la propuesta ya sabia que Kremer se hallaba en ese cuarto.
-gracias
-no hay de que

al entrar al elevador saco su móvil para ubicar a Kremer este ya no se hallaba en la habitación, estaba dos pisos abajo y casi podría asegurar quien la llamaba. Al llegar a la planta indicada pudo observar a una de las empleadas que llevaba la orden para dicha habitación, ya que en el piso no había nadie más.

-hola, si me permites yo lo llevo
-que a lo siento la Srta.
-ya sabe que entrare ella me ha invitado, no se preocupe yo me encargo

al chica no se resistió dejo que angela tomara la ensalada, esta solo le sonrió.

- ha claro toma
- gracias

la chica acepto el billete y se marcho, al entrar al ascensor lo miro y se dio cuanta de que eran 100 libras esterlinas, sin duda le sorprendió generalmente los ricos son más tacaños. Angy se acerco toco la puerta.

Pasa. ¿Traes la ensalada?

La niña se la dejó bruscamente entre las manos.

-Mira niña, no soy el asqueroso servicio de habitaciones.
-Eso queda más que comprobado –respondió la soprano tras saborear la ensalada. Tras el primer bocado la apartó a un lado. –Estabas en la fiesta y llevas estas 3 horas abajo en el bar. Te lo diré una sola vez: si ese cabrón se aprovechó de ti o cualquier chorrada de esas, llama a la televisión sacarás más dinero que si intentas enfrentarte a él directamente.
-Creo que no sabes con quien hablas.
-¡Dios! ¿Qué clase de zumo es este? ¿De qué color es?
-Naranja.
-¡Pedí arándanos! –alzó el brazo y lanzó el vaso hasta estrellarlo contra la pared manchándola por completo. –Y tú deja de decir sandeces. Eres una niña y si juegas con el diablo te acabarás quemando.

La niña sonrió.

-¿Pero no te das cuenta que YO soy el diablo?

-jjaja por favor
-bien fue algo drastico, ok entonces soy un lindo angelito que viene a realizar sus obligaciones.
-escucha niña, sera mejor que salgas de aquí no te gustaría meterte en problemas
-niña…que eres un año mayor que yo???

Angela se quedo a un metro de ella, en cierta forma estaba algo contrariada por esta persona, a diferencia de otros angela no dudo en verla directo a los ojos, no le importaba si estaba ciega y no le importaba decirle de frente lo que pensaba. Para cierto asombro de daniela, angela cambio el tema bruscamente.

-mmm sabes esto no es muy respetuoso, te comportas como una niña caprichosa
-que ….escucha
-oh cierto lo eres, no muchos lo entenderían, por como te desempeñas en el escenario
-sabes niña, en verdad me fastidia perder el tiempo, así que dime que es lo que quieres
-solo cumplir con mi trabajo

daniela se enfoco en la mente de la “niña” pudo verse a través de ella, no la veía con lastima, repudio o lascivamente como otros. La miraba como una igual.

-si ya dejaste de jugar con mi mente, tengo trabajo
-mmm lo sabes
-que eres mutante si, que eres una especie de telépata si, sabes no soy entupida
-ja te sera difícil convencerme de lo contrario
-como quieras, en fin solo no interfieras no me gustaría tener que deshacerme de alguien como tu
-ajajaja en serio me matas de risa
-no bromeo dime que pasa con exactitud si no tomas tus pastillas
-k…

daniela supo de inmediato lo que angela haría, con un rápido movimiento ya estaba al lado del pequeño mueble, pero angela también lo estaba, la sujeto fuertemente de la muñeca con la que había tomado el frasco

-en verdad eres buena, pero como dije no me interesa pelear
-si bueno como crees que terminarías si no lo hiciera

Angela sonrió aflojando pero no soltando la mano de daniela, enseguida sintió como si su mente se hiciera corto, solo bajo un poco la mirada pero no dejo su compostura, seguía sujetándola y dispuesta a todo.
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